15 de mayo de 2006
Las fronteras de Europa están de nuevo en proceso de cambio y esta vez, afortunadamente, no a causa de una guerra, sino de un proceso de negociación y de ajuste en materia de intereses, principios, valores y normas entre los europeos. A pesar de ello, la fecha del 1 de mayo de 2004, que dará nacimiento a la Unión Europea de los Veinticinco, genera ansiedad y preocupación. En casa, naturalmente, pero también entre los vecinos, si por vecinos entendemos aquellos países que, a partir de mayo de 2004, pasan a definir las fronteras exteriores de la Unión: la línea de demarcación entre inclusión y exclusión. En efecto, la lógica binaria in/out ha sido, y sigue siendo, una de las pesadillas del mundo europeo de la posguerra fría. Lo ha sido para aquellos que esperaban que el «regreso a Europa», tras la caída del Muro, se tradujera en su incorporación a las organizaciones-pilar del mundo europeo occidental (OTAN y UE), pero también para la UE que, por su identidad adquirida a lo largo de la guerra fría que lleva a equiparar Europa y Unión Europea, ha sido víctima de su propio éxito.